jueves, 30 de julio de 2009


PONENCIA.
RETOS DE LA ADMINISTRACION EDUCATIVA.
Prof. Clara M. González García.

Yo les quiero hablar acerca de la gran inquietud que existe en cuanto
a la importancia de los problemas que sufren los docentes,
relacionados con el estrés, la falta de reconocimiento, la depresión, la
falta de habilidades didácticas y aun de actualización en sus áreas
disciplinarias. En muchas partes, el profesor trabaja solo y bajo
administraciones inadecuadas que lejos de ayudarle constituyen una
carga burocrática.
De Pereti (en el libro “ El enseñante también es una persona” de Ada
Abraham, 1986, pp. 171-172) ha dicho que: "la realización acabada de
la persona de los docentes, realización que garantiza el desarrollo
pleno de los alumnos, exige que éste disponga de una variedad de
medios y procedimientos pedagógicos, o lo que se da en llamar
“instrumental pedagógico”. Con esa variedad, el docente puede
responder a las diversas expectativas de los alumnos y puede también
diferenciar su práctica pedagógica, preservarla de la monotonía y el
desgaste; además, puede darse cuenta de lo que hace y, por
consiguiente, aclarar su propia práctica y sus indispensables variantes.
Puede por fin comprender que no existe un solo método educativo
válido, un solo camino de progreso didáctico."
El problema, entonces, es el cómo lograr que el maestro pueda
alcanzar los objetivos mencionados anteriormente sin necesidad de
que lo propuesto destruya su libertad o su creatividad, antes bien, que
le permita desarrollarlas al máximo. Así se tiene que un propósito de
la administración educativa es poner al servicio del alumno y del
maestro todos los recursos disponibles de las instituciones a
través de sistemas y procesos para alcanzar esos objetivos, su
finalidad es crear y ofrecer a los alumnos las mejores
experiencias de aprendizaje posibles, a través de un proceso
sustentado y permanente que ayude a la satisfacción personal y
profesional del docente, así como al desarrollo de la
organización.
Por otro lado, Senge (1990, en su libro “La Quinta Disciplina”) nos dice
que las teorías modernas de la organización basadas en el
aprendizaje, u organizaciones inteligentes, tienden a considerar a la
administración como centro de conocimiento y de diseño, por esto,
otro principio de la administración es que no debe servirse a sí
misma, sino que debe estar al servicio del mejoramiento de la
enseñanza. Tareas tales como evaluar la educación, promover
proyectos, generar "visión", hacer que la organización se
conozca a sí misma y se autoevalúe, evaluar y analizar si se
fomenta la creatividad, los valores y el pensamiento crítico,
apoyar administrativamente modelos pedagógicos y métodos
didácticos, incorporar las nuevas tecnologías de información y
otras más, son parte de las funciones de la Administración
Educativa.
Actualmente ya no se discute tanto acerca de sí los fines de la
educación consisten sólo en la inserción futura del alumno en el
mercado de trabajo, si éste debe ser agente de cambio, o bien recibir
una formación "integral". El estado actual de la sociedad demuestra
no sólo que esos objetivos no son contradictorios entre sí, sino que al
contrario, es necesario que estén imbricados de tal manera que no sea
posible cumplir uno de ellos si no se realizan los demás. Por otra
parte, cada vez se abandonan más los esquemas de competencia
individualista para enfatizar los procesos de colaboración social y de
aprendizaje comunitario. Al respecto, la Comisión de las Comunidades
Europeas para la Educación (1995) señala que "el informe de la Mesa
Redonda de los Industriales Europeos (febrero de 1995) hizo hincapié
en la necesidad de una formación polivalente basada en
conocimientos ampliados, que desarrolle la autonomía e incite a
aprender a aprender a lo largo de toda la vida: La misión
fundamental de la educación es ayudar a cada individuo a
desarrollar todo su potencial y a convertirse en un ser humano
completo, y no en una herramienta para la economía; la
adquisición de los conocimientos y competencias debe
acompañarse de una educación del carácter, de una apertura
cultural y de un despertar de la responsabilidad social."
Como ya comentamos el desgaste, la falta de alicientes económicos y
el reconocimiento social auténtico, aunados a la carencia de un buen
sistema de selección de docentes, han traído como consecuencia,
docentes con poca preparación académica, indolentes a su propia
superación profesional y con un profundo pesimismo respecto de su
misión.
Latapí (1994, en su libro “La investigación educativa en México”)
comenta "la capacitación de los maestros en ejercicio no se ha
orientado a las necesidades fundamentales de un aprendizaje eficaz".
En cuanto a la formación docente de nivel profesional, existen
problemas similares, pues las estadísticas muestran que un 70% de
los docentes no reciben capacitación docente en el primer año de
trabajo, que lo realizan bajo su exclusiva responsabilidad, y que el
80% fueron reclutados de la misma universidad donde hicieron sus
estudios. De igual manera, se observa una gran resistencia al cambio
en muchos profesores, especialmente en aquellos que tienen varios
años de servicio.
Estos problemas y otros nos conducen a pensar en serias fallas en los
administradores educativos, que tradicionalmente han sido ajenos a
esta problemática. Hoy por hoy, éste es uno de los problemas
fundamentales de Latinoamérica respecto a la educación y, como se
menciona en la reunión de la UNESCO, "urge elaborar estrategias de
apoyo al docente como un modo de invertir el declive constante de la
calidad profesional y de las condiciones de trabajo que se observan
hoy en muchas partes del mundo". Aunados a estos problemas
referentes a los docentes, hace falta mucho por hacer en cuanto a las
vinculaciones de la universidad con la empresa, de la tecnología con la
educación y, en general, de la vida social con los sistemas de
enseñanza, tareas todas que competen de manera directa al
Administrador Educativo.
Sin pretender hacer un análisis exhaustivo de lo que debe ser una
buena administración académica o educativa, quiero destacar algunos
puntos importantes respecto a su impacto en los cambios curriculares;
el nivel de trascendencia y amplitud de dichas transformaciones
dependerá de la permisividad y de la acción misma de la
administración.
Es importante analizar, aunque sea brevemente, las interacciones que
existen y deberían existir entre la administración y la docencia. Para
esto, podemos auxiliamos de algunas nociones relativamente
recientes que se han generado en el estudio de las organizaciones.
Estos conceptos han surgido de teorías que se pueden agrupar en lo
que se ha llamado “organizaciones inteligentes" u "organizaciones que
aprenden", esta teoría sostiene que las organizaciones deben
repensarse y dedicarse a conocer el entorno y a sí mismas, para que
de esta manera puedan reestructurarse abordando los problemas de
raíz. Por otra parte, se insiste en que las instituciones no deben actuar
solamente bajo el criterio de las funciones que desarrollan los distintos
departamentos que las componen, sino fundamentalmente de los
procesos que permiten efectuar interacciones entre los departamentos
para cumplir funciones más amplias y trascendentes.
Los conceptos que se comentan tienden a romper los paradigmas
anteriores de operación de las instituciones para hacerlas más
dinámicas y creativas al aprender de sí mismas. Senge propone
algunas ideas relacionadas con la vida académica, como las
siguientes:
1. Los sistemas tienden a adaptarse al error, por lo que son inhábiles
para reconocerlo, lo justifican. A la larga, esto conduce a la entropía
y destrucción del sistema.
2. Las funciones de control de empleados desgastan a los directivos,
al personal y reprimen el trabajo creativo. Por lo anterior, Senge
dice que la función primordial del poder o del control es diseñar o
rediseñar la operación; es decir, el poder tiene como función
incrementarse a sí mismo en funciones creativas y variadas:
negociar, abrir espacios, generar proyectos, etc. Es importante
que el administrador educativo entienda que su cliente
principal, en el orden operativo, no es el alumno sino el
profesor. Efectivamente, su misión principal es ayudar al
profesor a que sea más efectivo como enseñante y contribuir a
su bienestar. Un profesor optimista, confiado y relajado será capaz
de transmitir ese bienestar a sus alumnos y de preparar con ánimo
sus clases. En consecuencia, una de las funciones más
importantes del administrador es ayudar a los profesores a
superar las tensiones y depresiones a las que están expuestos
frecuentemente. El administrador que cree que su misión es
recordarle constantemente al maestro el rol que debe desempeñar,
sólo contribuye a incrementar su malestar. Así pues, el
administrador debe dedicar buena parte de su tiempo a
fomentar una excelente comunicación y compañerismo. Es
fundamental que el administrador educativo sea capaz de
generar proyectos concretos que contribuyan al crecimiento
personal o profesional del docente, a la creación de sistemas
pedagógicos – con la participación de los académicos -, que
apoyen al proceso de enseñanza-aprendizaje y al desarrollo de
proyectos de vinculación de las instituciones educativas con el
entorno social. Esto ayudará a evitar la rutina, dirigir el trabajo y a
considerar la enseñanza como una actividad creativa que responde
rápidamente a las necesidades sociales y humanas.
3. Para que sobreviva un sistema y crezca, son igualmente
importantes todos los factores del medio ambiente, y no sólo los
ejecutados por la autoridad de un suprasistema. Por eso,
actualmente se insiste en que la administración educativa debe
hacer caso a la vida cotidiana de los sistemas, y tomar
decisiones con base en la información que proporcionan los
que están en contacto directo con el medio ambiente y sus
distintas variables. No ser solamente transmisor de órdenes sin
mediación alguna del conocimiento, lo que lleva a la larga al
fracaso. Los grupos de trabajo muchas veces para sobrevivir y
defender a la misma institución, recurren a la simulación, o lo que
algunos llamarían "desobediencia inteligente", frente a órdenes o
estímulos adversos. La simulación genera la ilusión de que todo
está bien y que las decisiones de la autoridad fueron las más
acertadas.
4. Es fundamental empezar el análisis de necesidades y
asignación de recursos para las tareas que ofrecen los
servicios directos, y dejar para después las de apoyo y las
administrativas. De igual manera, es importante el que se
constituyan organismos por procesos, y no sólo por funciones, por
ejemplo, un sistema administrativo de apoyo al trabajo docente que
obedezca a las necesidades de crecimiento de éste.
5. El buen administrador debe considerar qué ahorros son sanos
y cuáles van en detrimento del servicio y la calidad.
6. Los cambios en las instituciones deben resolver problemas o
generar cambios estructurales que permitan mayor desarrollo,
lo que implica en consecuencia hacer los cambios en el momento
más oportuno, tomando en cuenta todos los factores del contexto,
considerando al mismo tiempo lo administrativo, lo productivo y el
entorno. Por ejemplo, el establecimiento de procesos para vincular
la universidad a la empresa o a las fuentes de trabajo. Esto implica
también ir al fondo del problema y no a sus síntomas.
7. Coadyuvar a la Investigación institucional y al pensamiento
estratégico. Las organizaciones no deben hacer sólo pronósticos
basados en el pasado, sino generar escenarios diversos de
posibilidades futuras, establecer su visión, su misión y sus metas de
manera cuidadosa, y luego buscar inteligentemente los medios para
lograrlas. El sentido estratégico obliga también a la autorreflexión
del propio desempeño organizacional, que puede recogerse a
través de indicadores de eficiencia y también de investigación
dirigida, para conocer a más detalle los problemas de su operación.
Los invito a leer el libro de Tomás Miklos “Planeación Prospectiva.
Una estrategia para el diseño del futuro”.
8. Propiciar el uso de tecnología avanzada. Las organizaciones
inteligentes utilizan tecnología avanzada con dos propósitos: 1)
aligerar la carga de sus procesos rutinarios para que el personal se
dedique a aspectos más creativos y estratégicos y 2) mantener
líneas amplias de información para tener información actual y
precisa del entorno. En las universidades, además, la informática
tiene la amplia posibilidad de aplicarse en múltiples formas al
proceso de enseñanza- aprendizaje; es decir, en la operación
misma.
A manera de conclusión, podríamos decir que la tendencia actual en la
filosofía organizacional se caracteriza por enfatizar el factor humano
como fuente de progreso institucional en todos sus ordenes, generar
culturas éticas e inteligentes, fomentar el trabajo en equipo, la
colaboración y la confianza, reducir los sistemas de control que no
añadan valor a la operación, trabajar en proyectos y rediseño de
acuerdo con metas ambiciosas, sentido holístico y ecológico y uso de
la mejor tecnología disponible para la optimización de los recursos.
Uno de los errores más frecuentes consiste en pensar que los
problemas educativos dependen exclusivamente del maestro y sus
actitudes. Los esfuerzos de los administradores educativos se
deben enfocar a cómo cambiar al maestro sin participar en el
cambio mismo.
La administración educativa, salvo algunas excepciones, se ha
limitado a reproducir, sin adaptación alguna, la administración
tradicional, sin considerar que la vida académica impone demandas
humanas de distinta índole; empezando porque el alumno es un
agente activo en su propio aprendizaje, y la educación el fruto de una
interacción humana en donde se realizan con profundidad los valores
que forman al hombre y la sociedad del mañana.
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